Tras la primera y segunda parte sobre los cursos online, enfoco ahora esta entrada para mostrar cómo creo que deberían ser los cursos para fisioterapeutas.
Aunque los cursos online pueden tener diseños muy distintos, hay elementos comunes que no pueden faltar:
Los principales problemas en los actuales métodos de evaluación de los cursos online son dos: la correcta identificación del usuario (estudiante) que está realizando el curso y el examen; y la elaboración e implementación del propio examen en sí. La evaluación de un curso online, en especial cuando la titulación obtenida faculta a un determinado personal sanitario (fisioterapeuta) para la realización de técnicas de tratamiento es una cuestión capital y comienza con una correcta identificación del estudiante que ha realizado el curso y se dispone a realizar el examen final.
Actualmente la forma de identificarse frente a un sistema automatizado sin intervención humana, sea este una plataforma educativa, un cajero automático, nuestro móvil o la entrada a la sede de la CIA en Virginia, se basa en los siguientes métodos:
La Fisioterapia, como ciencia sanitaria parece tener dificultad en adaptarse a la realización de cursos online con cierto aprovechamiento y calidad del curso. Esto es debido al carácter eminentemente práctico de nuestros estudios y a la pésima calidad y paupérrima implementación de los cursos online desarrollados hasta el momento (al menos, los que un servidor ha realizado y han sido varios). Voy a escribir una serie de 3 artículos intentando exponer cómo son los cursos actuales que encontramos online para fisioterapeutas (primera parte), cómo el problema de la evaluación del curso -especialmente cuando existen certificados que deben justificar su finalización- se está realizando (mal) hasta ahora y, por último, cómo creo que deberían realizarse los cursos online para fisioterapeutas aunando profesionalidad y calidad tanto en la parte teórica como práctica (3ª parte).
Cómo son la mayoría (por desgracia) de los cursos online que encontramos actualmente
Hemos de distinguir en primer lugar los cursos sobre técnicas de tratamiento en Fisioterapia, del resto de materias que entran dentro del radio de acción de la Fisioterapia pero no son técnicas. Es decir, cursos sobre investigación en Fisioterapia, Fisioterapia basada en la evidencia, bioética, estadística, ofimática, competencias digitales... campos que no siendo propiamente técnicas de Fisioterapia, debemos conocer y manejar. Y por otro lado, tenemos los cursos sobre técnicas específicas de tratamiento en Fisioterapia. De este segundo tipo de cursos ni he encontrado ni he realizado ninguno online. Son aquellos que pueden suponer un problema a la hora de resolver la realización de las clases prácticas (hasta ahora siempre presenciales) de manera satisfactoria y de lo que hablaremos en la 3ª parte de esta serie.
Aula virtual de la UOC. Ejemplo de cursos online bien implementados.
De la primera tipología que no requieren clases prácticas he realizado varios. Siendo estos cursos mucho más sencillos de implementar y ejecutar en cualquier de las plataformas educativas existentes: Moodle, Claroline, LAMS, Blackboard, etc. se siguen realizando mal, desconozco si es por ignorancia de las posibilidades que ofrecen las plataformas educativas informáticas o simplemente por dejadez (como casi todo en la vida, es mucho más fácil y se tarda menos haciéndolo mal). Seguro que si habéis realizado algún curso de este tipo os sentís identificados con esta metodología.
En nuestro trabajo diario podemos encontrarnos con todo tipo de pacientes que viven su patología (independientemente de la gravedad de la misma) de forma muy distinta. Desde el paciente que se quita el cabestrillo de miembro superior a los 4 días de una grave cirugía por que "le molesta para dormir o para ponerse el abrigo", hasta el paciente deportista que busca información y referencias de todo lo que le sucede, su posible evolución, las distintas vías de tratamiento y de cirugía, etc. Aquí debo hacer un inciso, respecto a los deportistas, generalizar siempre es malo -incluso en esta última frase- y además injusto y subjetivo, pero "retratando" arbitrariamente a este tipo de paciente, creo que nos hacemos mejor una idea de lo que quiero expresar.
La cuestión de esta entrada es ¿Nos interesa que los pacientes se informen de su patología, nos consulte, busque otras opiniones? ¿Todo esto nos ayuda en nuestro tratamiento o por el contrario lo entorpece y mina la confianza entre fisioterapeuta y paciente?
Difícil cuestión y más difícil respuesta. Lo políticamente correcto es contestar que SÍ, que nos interesa que el paciente consulte y se preocupe de su patología; así de esta forma, se involucrará más en su tratamiento, realizará los ejercicios que le indicamos y evitará todos los movimientos que le hayamos contraindicado. Esta es la teoría, pero seguro que podemos pensar que la realidad es bien distinta, puesto que a nadie le gusta recibir críticas, quien diga lo contrario miente (¡Vaya! he vuelto a generalizar).
Empiezan a llegar a Fisioterapia los pacientes de Dupuytren tratados mediante inyección de colagenasa y hemos de reconocer que los resultados son espectaculares.
Recordemos que la enfermedad de Dupuytren es un trastorno progresivo del tejido conjuntivo que afecta a la fascia palmar de la mano, engrosando y retrayendo la aponeurosis palmar, provocando la inevitable flexión de uno o varios dedos, con el perjuicio añadido de que además suele ser bilateral, con lo que la funcionalidad de la mano se resiente de forma proporcional a la incapacidad para la extensión de los dedos.
Bill Bryson: En casa, una breve historia de la vida, RBA Libros, 2011.
Cuando caemos por las escaleras, solemos echarnos a nosotros mismos la culpa del accidente y en general atribuimos la caída a un descuido o una falta de atención. De hecho, el diseño influye de forma importante en la probabilidad de que se produzca una caída y en el dolor que sentiremos cuando dejemos de rebotar por los peldaños. Una mala iluminación, la ausencia de barandillas, peldaños irregulares, contrahuellas excesivamente altas o bajas, peldaños excepcionalmente anchos o estrechos y descansillos que interrumpen el ritmo del ascenso o el descenso son los principales fallos de diseño causantes de accidentes.
Según Templer, la seguridad de las escaleras no es un problema único, sino dos: «Evitar las circunstancias que causan los accidentes y diseñar escaleras que minimicen los daños en caso de producirse un accidente». Habla de una estación de tren en Nueva York (no especifica cuál) en la que se aplicó a los bordes de los peldaños un tratamiento antideslizante con un dibujo que hacía difícil discernir dónde se acababa el peldaño. En el plazo de seis semanas, más de mil cuatrocientas personas —una cifra verdaderamente asombrosa— cayeron por esas escaleras, momento en el cual decidieron solucionar el problema.
Las escaleras incorporan tres figuras geométricas: la contrahuella, la huella y la pendiente. La contrahuella es la altura entre peldaños, la huella es el peldaño en sí (técnicamente, la distancia entre los bordes, o mamperlanes, de dos peldaños sucesivos medida horizontalmente), y la pendiente es la inclinación total de la escalera. El ser humano tiene una tolerancia a las pendientes bastante limitada. Cualquier cosa superior a 45 grados resulta incómodamente costosa de subir, cualquier cosa inferior a 27 grados es tediosamente lenta. Resulta muy duro subir escalones que no tienen mucha pendiente, y todo ello se debe a que nuestra zona de confort es muy pequeña. Un problema inevitable de las escaleras es que tienen que transmitir seguridad en ambas direcciones, por mucho que los mecanismos de la locomoción exijan posturas distintas en cada dirección. (Cuando subimos nos inclinamos hacia las escaleras, mientras que cuando bajamos echamos hacia atrás nuestro centro de gravedad, como si aplicásemos un freno.) Por lo tanto, las escaleras que resultan seguras y cómodas en ascenso tal vez no lo sean tanto para bajar, y viceversa. La capacidad de proyección hacia arriba que tenga la huella, por decir algo, puede llegar a afectar a la probabilidad de dar un traspié. En un mundo perfecto, las escaleras cambiarían ligeramente de forma dependiendo de si el usuario subiera o bajara por ellas. Pero en la práctica, podríamos decir que cualquier escalera es un término medio.
De Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. , http://groups.google.com/group/fusionaditos?hl=es
1. Porque me encanta que la gente diga esa palabra que tanto le cuesta pronunciar... ¿Cómo era? ¿Fisioterapeuto? ¿Teraputo? ¿Fisioterapio?
2. Porque encontrar un punto gatillo te alegra el día... y se lo fastidia al otro.
Jorge Rodrigo Rodríguez, Revista 30 días de Fisioterapia, Julio 1999
Sin duda alguna, lo que más distingue al profesional sanitario del resto de los mortales cuando habla, es la profusión de vocablos y términos cuyo significado escapa a la comprensión del ciudadano medio.
No sin razón, se acusa al profesional de la salud de usar un lenguaje hermético, cerrado, solo comprensible por los iniciados que hace que se escuche al médico o al DUE con una expresión más próxima a estar viendo un extraterrestre que a una solución para un problema de salud.
En el refranero castellano hay un proverbio irónico, malicioso, pero muy ilustrativo sobre los pensamientos que genera sobre su interlocutor el profesional sanitario que hace un profuso empleo de términos médicos:
"Nuestro entendimiento ciego
acierta a nombrar en vano
diciendo en latín y en griego
lo que ignora en castellano"
Marta Nuria Márquez, Revista 30 días de Fisioterapia, Julio 1999
Cuando Felicidad se fracturó la cadera el Alzheimer ya había limitado considerablemente su independencia. Vivía con su hija, Reme, y con un señor del que a veces recordaba el nombre y a veces no. Sus nietas eran su vida. Había olvidado ya las edades de ambas y hubiera sido incapaz de decir qué estudiaban, pero sólo ver las caras jóvenes y alegres de las dos muchachas cuando les ponía el desayuno por las mañanas, la impulsaba a seguir viviendo, a continuar luchando contra el olvido.
Pero un día se cayó. La vieja torpe tropezó con una miserable alfombra. Tanta lucha, tanto levantarse al alba, coser a la luz de una vela hasta la madrugada, traer piezas enormes de tela y devolverlas convertidas en ropas meticulosamente confeccionadas, y ahora una insignificante alfombra era capaz de interponerse en su vida.
Marta Nuria Márquez Aunión, Revista 30 días de Fisioterapia, Mayo 1999
Uno de los problemas más acuciantes del panorama de la Fisioterapia en la actualidad es, sin duda, el intrusismo profesional.
"La culpa es del Gobierno", excusa utilizada con demasiada frecuencia en bares, pubs y zonas de tertulia.
"Es que los de la vieja escuela lo acaparan todo"... otro lamento.
"Es inútil, la ley los ampara".
Y la frase que más me gusta: "Esos quiromasajistas -dicho en un tono altamente despectivo- son unos...."
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