El goniómetro

Los principales problemas en los actuales métodos de evaluación de los cursos online son dos: la correcta identificación del usuario (estudiante) que está realizando el curso y el examen; y la elaboración e implementación del propio examen en sí. La evaluación de un curso online, en especial cuando la titulación obtenida faculta a un determinado personal sanitario (fisioterapeuta) para la realización de técnicas de tratamiento es una cuestión capital y comienza con una correcta identificación del estudiante que ha realizado el curso y se dispone a realizar el examen final.

Actualmente la forma de identificarse frente a un sistema automatizado sin intervención humana, sea este una plataforma educativa, un cajero automático, nuestro móvil o la entrada a la sede de la CIA en Virginia, se basa en los siguientes métodos:

    • Lo que uno tiene: puede ser un "pinchito" USB que faculta para acceder a un ordenador, un token RSA, una llave digital, un DNI electrónico, etc.
    • Lo que uno sabe: generalmente una contraseña, la combinación de nombre de usuario y contraseña es la forma más habitual de identificación digital.
    • Lo que uno es: el iris, las huellas de los dedos, los patrones faciales, las venas de las manos o cualquier otra característica o patrón biométrico que identifique a una persona de forma individual y precisa.
    • Lo que uno es capaz de hacer: por ejemplo un patrón de escritura determinado.
    • Una combinación de dos o más de estos elementos: por ejemplo es usual utilizar el DNI electrónico (lo que uno tiene) con una contraseña (lo que uno sabe); así la pérdida del objeto que permite el acceso al sistema no hace que la persona que lo encuentre tenga el paso franqueado al desconocer el segundo elemento (la contraseña).


Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Biometr%C3%ADa 

El problema de la validación de los estudios y la evaluación de un estudiante online radica en la imposibilidad de saber si realmente el estudiante es el que ha realizado el curso y el que ha hecho la evaluación. Los métodos de identificación actuales se limitan a "lo que uno sabe": nombre de usuario y contraseña, por lo que la suplantación (cesión) de identidad es factible.

El segundo problema estriba en la escasa preocupación de los profesores/editores del curso por elaborar un examen de evaluación serio, ajustado al temario, con preguntas razonadas y, sobre todo, con preguntas aleatorias seleccionadas al azar. Parece ser que se toma el examen como un mero trámite que esperan que todos los estudiantes superen. Un ejemplo: en el último curso online que he realizado, se trataba de responder 60 preguntas de test, se podía realizar dos intentos de superar el examen y, en ambos casos, las preguntas eran las mismas (aunque variaban el orden de presentación). Por supuesto, tras el primer intento, mostraba los errores y cuáles eran las respuestas correctas, con lo que sólo hay que anotarse esas respuestas, iniciar de nuevo el examen y, esta vez sí, responder con un acierto si queremos incluso del 100%. Queda claro que este sistema de evaluación permite aprobar sin tan siquiera haberse leído el material del curso, es más, se puede aprobar aunque el examen estuviera en chino mandarín.

Para que sea efectivo y fácilmente evaluable las preguntas pueden ser de opción múltiple de respuesta o de Verdadero/Falso; no es necesario que sean respuestas de desarrollo que hay que corregir a mano, ralentizando todo el proceso (y requiriendo el concurso de un profesor para su evaluación). Es lógico que las preguntas cambien de orden, y que las respuestas también dentro de cada pregunta se muestren aleatoriamente; pero no es de recibo que si el examen lo componen 60 preguntas, todas ellas formen parte de las dos oportunidades de examen. Es mucho más lícito realizar un examen con 30 preguntas (reduciendo también proporcionalmente el tiempo para la realización de la evaluación) y dejar al sistema que elija aleatoriamente entre las 60 que tiene introducidas, de esa forma tendremos muchas posibilidades de que las preguntas repetidas en cada iteración del examen no sean demasiadas, aumentando la validez del sistema de evaluación del curso. Es más, como cabe la posibilidad de que varias personas en un mismo centro de trabajo o estudio realicen el curso, es aconsejable proponer una proporción de un 20 o 25% de preguntas en el examen respecto al total de las que puede elegir el sistema. Así, si el examen es de 30 preguntas, no sería descabellado que el sistema pudiera escoger esas 30 preguntas de forma aleatoria entre un total de 120 a 150.

La calidad de las preguntas también es importante, por el hecho de tratarse de preguntas de test no tienen que limitarse a un valor, o la respuesta correcta no debe aparecer espontáneamente ante nuestros ojos tal como lo hace en los apuntes. Se pueden proponer varias preguntas de razonamiento (objetivas pero razonadas) que sirvan para evaluar también esta parte de la inteligencia del estudiante y no únicamente la memoria.

Fuente: http://valencians.wordpress.com

De los dos problemas planteados: la elaboración del examen y la suplantación de identidad, el primero tiene fácil solución; pero el segundo, con las herramientas y medios actuales se hace inabordable. Por tanto, aunque la realización de un curso online nos permita libertad de tiempos  y horarios para su realización (con el consecuente ahorro en desplazamientos y la facilidad de adaptarse a cualquier actividad laboral y familiar); la evaluación para ser 100% segura requiere que sea presencial, necesitamos desplazarnos al centro de examen y realizar allí la evaluación frente a un ordenador asignado o incluso ya de forma tradicional con lápiz y papel.

El gran inconveniente es que si la plataforma donde realizamos los estudios está implantada a nivel nacional (o aún peor internacional), o existen varias sedes para realizar los exámenes o puede suponer un serio trastorno para los alumnos que deben desplazarse desde los puntos más alejados.


Referencias
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