El goniómetro

Alicia Pérez Ruiz, Revista 30 días de Fisioterapia, Marzo 1999

Sientes que estás confundido. En estos momentos no sabrías contestar una sola pregunta sobre ti... sobre tu pasado...

En ese pasado, el dado se deslizó en tu destino y comenzó la partida. Y nació así tu sueño de ejercer de fisioterapeuta algún día.

Y ahora, tres, cuatro, cinco años después de haber sacado partido a los cinco sentidos y tras desarrollar mil estrategias, observas tus cartas sobre la mesa y descubres que sólo tienes un nombre en el resguardo de un título, en el diploma de un curso, en el acreditativo de un congreso... pero ¿de qué sirve eso cuando la noche te concede el silencio del recuerdo de un día vacío en el que el teléfono permaneció otra vez callado y el correo decidió depositarse en el buzón del vecino de la nada, en lugar de en el tuyo? Un día en el que el periódico volvió a quedar apilado en el papel para reciclar, intacto y sin subrayar por no contener ni una sola oferta de empleo en la que pudieras trabajar.

Piensas, ¿de qué sirve esto? La angustia va minando ese tu sueño y la ilusión comienza a esfumarse. Y te preguntas, y le preguntas a tus ojos, qué fue de aquella incesante cadena de horas frente a unos apuntes que añoras; y, tal vez, te contesten con la imagen de una sombra que guarda tu consuelo. Y le preguntas a tus manos qué fue de aquellos pacientes que te prestaron su cuerpo para acariciar su tratamiento; y, tal vez, te contesten con el tacto inerte del recuerdo. Y le preguntas a tus oídos qué fue de ese latido que le gritó a tu razón y sentido, desde lo más profundo de tu corazón, para elegir esta profesión; y, tal vez, te conteste con el sonido de un suspiro que no encuentra eco. Y le preguntas a tu olfato, qué fue de aquel aroma a prácticas de hospital y de aquella necesidad de tus manos que, en aquel lugar, casi se podía inhalar; y, tal vez, te conteste con la fragancia de la crema que usas cuando alguien, en tu casa, tiene un dolor cervical, dorsal o lumbar. Y le preguntas a tu gusto, qué fue de aquel sabor a felicidad que quedó en tus labios temblando al decir gracias cuando el Señor "tal" te impuso la banda y fuiste diplomado/a; y , tal vez, te conteste con esa saliva amarga que hay que tragar cuando alguien te comenta, ¿pues no es esa carrera en la que más nota hay que sacar y, además, te colocas nada más acabar?

Tienes tus cinco sentidos puestos en un sueño que no llega y crees perdido, pero ahora escucha. Sueña y, en esta lucha incansable no abandones la esperanza pincelada de triunfo; que tus deseos no mueran en el mar de lo incierto, que sean tuyos, porque al final de algún camino, encontrarás que se han cumplido. Sueña y no olvides el pasado en que nació la idea de pertenecer a esta profesión; y conviértelo en presente pues, con ese sueño debes seguir... ayer, hoy, y por siempre.


Referencias:

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