El goniómetro

Marta Nuria Márquez Aunión, Revista 30 días de Fisioterapia, Mayo 1999

Uno de los problemas más acuciantes del panorama de la Fisioterapia en la actualidad es, sin duda, el intrusismo profesional.

"La culpa es del Gobierno", excusa utilizada con demasiada frecuencia en bares, pubs y zonas de tertulia.

"Es que los de la vieja escuela lo acaparan todo"... otro lamento.

"Es inútil, la ley los ampara".

Y la frase que más me gusta: "Esos quiromasajistas -dicho en un tono altamente despectivo- son unos...."

Nos olvidamos de que esas personas (por que también lo son) sólo están luchando por abrirse camino, y tal vez lo consigan, simplemente porque son más listos que nosotros. Obtienen un título y lo enarbolan con orgullo. Convencen a la opinión pública de que esa cartulina les acredita para curar sus males y hacerles sentir mejor. Sin miedo, abren un gabinete y se ponen a trabajar: solo con un papel mojado enmarcado y... sus manos.

Una anécdota:

El otro día me vino una paciente, casi arrastrada por su cuñada. Dudaba, no sabía si quería ponerse en manos de un fisioterapeuta otra vez. Ya estaba escarmentada de ellos. Cuando acudía a uno por su dolor de espalda, no hacían sino pasarla de una máquina a otra y, la verdad, salió mucho mejor del masaje de su esteticista.

¿A quién debemos culpar en este caso? ¿A la esteticista? Ella advirtió a su "cliente" que no era fisioterapeuta, que sólo podía relajarla. ¿A la paciente? Una mujer que acudió a varios profesionales sanitarios para solucionar su problema de salud y se encontró en su lugar con un montón de "chismes" que no supieron proporcionarle ayuda. ¿Al Gobierno? ¿A los quiromasajistas? ¿A quién?

Revisemos nuestra actitud. Quizá debamos dejar de descalificar exclusivamente y comenzar a competir con los intrusos, demostrando simplemente lo que nosotros ya sabemos: que somos los profesionales cualificados y capacitados para el tratamiento mediante agentes físicos.

Las máquinas son accesorias, hay que darlas el valor que se merecen, pero pueden hacernos mucho daño. Ellas no perciben si el paciente está inquieto, confiado, tenso, no pueden transmitir calma ni ofrecer seguridad. Empecemos la lucha por reivindicar nuestras manos.


Referencias:

La Unión Europea me obliga a advertirte de que este sitio web utiliza cookies. Si continúas navegando, aceptas su uso.