El goniómetro

El lenguaje técnico en ciencias de la salud

Jorge Rodrigo Rodríguez, Revista 30 días de Fisioterapia, Julio 1999

Sin duda alguna, lo que más distingue al profesional sanitario del resto de los mortales cuando habla, es la profusión de vocablos y términos cuyo significado escapa a la comprensión del ciudadano medio.

No sin razón, se acusa al profesional de la salud de usar un lenguaje hermético, cerrado, solo comprensible por los iniciados que hace que se escuche al médico o al DUE con una expresión más próxima a estar viendo un extraterrestre que a una solución para un problema de salud.

En el refranero castellano hay un proverbio irónico, malicioso, pero muy ilustrativo sobre los pensamientos que genera sobre su interlocutor el profesional sanitario que hace un profuso empleo de términos médicos:

"Nuestro entendimiento ciego
acierta a nombrar en vano
diciendo en latín y en griego
lo que ignora en castellano"

En realidad, la creación y el uso del lenguaje técnico tiene una finalidad más prosaica, pero muy importante, y no es la de deslumbrar con una dialéctica apabullante, sino la de transmitir la mayor cantidad de información en el menor número de palabras posible, y al ser un vocabulario a usar por gran número de profesionales de distintos países e idiomas, se buscó el mayor consenso empleando las lenguas clásicas como fuente de su semiología. Así, el lenguaje médico ha resultado como una curiosa mezcla de griego, latín y mitología, todo ello ricamente aderezado por palabras provenientes del lenguaje común y corriente.

A título de ejemplo, la palabra "pelvis" significa literalmente "palangana" ( en francés se dice de la misma manera). Los "cálculos renales" y los aritméticos tienen más relación de lo que pudiera parecer, ya que los antiguos griegos cantaban con los dedos de las manos, y si la cifra era superior a diez, se añadían piedrecitas (esta claro ¿no?).

"Tibia" significa flauta (los antiguos incas lo tenían muy claro, ya que sacrificaban doncellas vírgenes para hacer quemas con sus tibias); "arteria" quiere decir "tubo de aire", dado que en la antigüedad cuando diseccionaban un cadáver, encontraban esos tubos que se llenaban de aire al cortar.
Hay términos que con el uso han perdido su significado original, así "asfixia" quería decir "falta de pulso" y no "ahogo" como hoy en día; "álgido" significaba "frío" y en el lenguaje actual viene a ser exactamente lo contrario (un punto álgido en una relación amorosa funde el hielo); "lívido" no es blanco ni verdoso, sino "del color de la mora", es decir, amoratado; "vitamina" quiere decir "amina vital", y amina suelen tener poco.

Desde luego, donde más se ha modificado el significado (y el uso) de ciertas palabras ha sido en términos como "idiota" que, estrictamente hablando, era el vocablo empleado por los griegos para definir al individuo que no ejercía ningún cargo público (para algunos políticos parece ser que los ciudadanos corrientes seamos "idiotas"); el término "imbécil" es un vocablo que usan los antiguos latinos para aquellas personas que no tenían importancia social, y su transcripción literal (no el sentido en que se empleaban) viene a ser algo asó como "persona sin báculo ni bastón".

Algunas palabras tienen un origen bastante metafórico, así "delirar" significa "irse de la lira", hay que aclarar que lira, además de instrumento musical, es el surco dejado en la tierra por el arado, este surco es recto, con lo que "delirar" puede transcribirse como salirse de la línea recta. Otro término que podríamos definir entre alegórico y simpático es "músculo", cuya traducción literal significa "ratón", y que empezó a aplicarse para designar al bíceps, ya que al doblar el brazo con fuerza, se hincha y se mueve como si tuviera por dentro a este simpático animalillo.

Como se puede ver, el lenguaje médico tiene, las más de las veces, un origen entre culto y mundano.