Curiosidades

La forma como medimos el tiempo es una de las cosas que más interiorizadas están en nuestra vida cotidiana. Parece algo simple, pero la historia que encierra es realmente amplia e interesante.

A pesar de existir gran cantidad de calendarios distintos a lo largo de la historia, nuestro calendario actual parte del calendario egipcio, utilizado hasta el año 46 a.C. Estaba formado por 12 meses de 30 días, seguidos de una fiesta de 5 días. En total 365 días. Como la duración real de un año es 365 días 5 horas 48 minutos y 46 segundos, el año se desplazaba casi un cuarto de día al año, por lo que el desfase llegaría en aproximadamente 700 años, cuando deberíamos estar en invierno pero en realidad estaríamos en verano.

Había que encontrar un mecanismo para superar ese problema. Por ello se optó por hacer el año de duración variable, estableciendo años cortos de 365 días y algunos largos de 366. Aparece así el calendario juliano. La intención de Julio César era establecer un calendario de 365 días y cuarto, fijando un año bisiesto cada cuatro años. El inicio de la contabilidad de los años romanos se establecía en la fundación de Roma (en 753 A.C. "Ab Urbe Condita"). Su intención era hacer coincidir el inicio del año con el día más corto, que para Roma era el 21 de diciembre actual. Con ello el invierno debería empezar el 1 de enero para el calendario que se intentaba crear. 

Pero ni Julio César que ostentaba todo el poder pudo contra la superstición del pueblo romano que quería un calendario lunar. Fue el propio Senado el que exigió que el año comenzase en la luna nueva de ese año, la que se presentó 10 días después del solsticio de invierno. Es por ello que el año no comienza el 21 de diciembre, sino que lo hace el 1 de Enero.

Con esta nueva duración del año, se resolvió parcialmente el problema del calendario egipcio introduciendo un día extra cada 4 años (años bisiestos). Pero para compensar el desplazamiento respecto del calendario egipcio, al primer año de aplicación de este calendario se le añadieron 2 meses extra, así como 23 días más en Febrero. Por eso, el año 46 a.C. es el año más largo registrado, con 455 días.

Este calendario resultó bastante preciso y se conservó en uso hasta el siglo XVI cuando se hizo notable la acumulación de los pequeños errores. Estos errores surgían por la diferencia entre la duración real del año (365,2421991 días) y la supuesta (365,25 días). El error acumulativo era de 0,0078009 días por año. Pasados 1622 años resultaban 13 días, o sea casi medio mes.

Este error ya es menor que el que se arrastraba con el calendario egipcio, pero aún así, requería una solución, y ésta fue el calendario gregoriano: Introducido por el Papa Gregorio XIII en 1582, modifica el juliano evitando los años bisiestos cuando caen en las centenas excepto cuando son divisibles por 4. Así, el año 1900 no fue bisiesto y sí lo fue el 2000. Cuando se introdujo este calendario se decretó que el día 5 de octubre fuera el 15 de octubre para corregir el desfase entre el calendario juliano y el solar. Por tanto, el año 1582 es el año más corto registrado en la historia, con 355 días de duración.

Papa Gregorio XIII

Con esta corrección de 0,0075 días por año queda solo un error de 0,00030009 días por año. O sea 43,2 minutos por siglo. En otras palabras, el calendario perderá un día cada 33 siglos, quedando tiempo suficiente para buscarle una solución.

En el mundo hay otros 40 calendarios vigentes, aunque el gregoriano se usa de forma oficial en casi todos los países. Así, por ejemplo, a la llegada del año 2000, el pueblo judío estaba a mediados del año 5759. Los musulmanes se hallaban en el año 1421 y los hindúes, con su calendario Saka, en 1922.


Referencias:

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