Curiosidades

Las sociedades (incluyamos en este términos las polis griegas, las ciudades-estado e incluso los países actuales) a partir de cierto volumen poblacional requieren la presencia de instituciones que conduzcan desde distintos puntos de vista a dicha población: justicia, equidad, reparto de alimentos, vivienda, puestos de trabajo... por ello, negar la necesidad de dichas instituciones es cuando menos arriesgado y más aún en el panorama político, social y, sobre todo, económico, en el que nos movemos actualmente. Las sociedades han optado en su mayoría por una democracia (sea monárquica, parlamentaria o de cualquier otro tipo) en el que la consideración de los políticos difiere según si existe mayor visión participativa o representativa de éstos. En una lógica más participativa los políticos son delegados de los ciudadanos que transmiten sus voluntades, mientras que en la lógica más representativa, son gestores de los ciudadanos que confían en ellos para resolver sus problemas dejando a criterio de los políticos el mecanismo de actuación.

La diferencia entre ambas lógicas es abismal y la función del político (y del ciudadano) también, aunque la mayoría de sociedades democráticas contemplan casi exclusivamente la lógica representativa en detrimento de la participativa. Pero ¿qué ocurrió históricamente para que la visión representativa de la democracia fuese la predominante? Para saberlo debemos trasladarnos prácticamente a la Edad Media en Europa. Era imperativo sustituir las instituciones feudales de origen medieval y a ello contribuyeron las primeras revoluciones liberales: Inglaterra (1688), Francia (1789) y EEUU (1776). El diseño de la nueva democracia no está al alcance de todos los ciudadanos, sólo unos pocos pensadores proponen nuevos diseños institucionales (Rousseu, Locke, Montesquieu...) y todos ellos conciben el sistema democrático como un sistema en el que los ciudadanos eligen a sus representantes entre unas élites sociales en elecciones periódicas. La función de estas elecciones es controlar a los miembros elegidos, dado que si no cumplen con las expectativas de los ciudadanos se revocarían sus cargos mediante la elección de nuevos políticos.

La idea es muy similar a la situación actual, pero ¡atención! esta primera definición de sistema democrático está llena de trampas, a saber:

  • La definición de ciudadano que tiene derecho a elegir a sus representantes. En un principio no se establecía que todos los ciudadanos podían votar libremente para elegir a sus representantes democráticos. Los sistemas más limitantes establecían que debían tenerse unos conocimientos mínimos demostrables para poder ejercer el derecho al voto. Es decir, sólo una élite de ciudadanos podría elegir a los representantes de todos, y dicha élite habitualmente se componía del extracto más preparado intelectualmente que venía a coincidir con el más solvente económicamente y, por tanto, muy alejados de los verdaderos problemas de la ciudadanía de a pie (que además eran la mayoría). No se hablaba de impedir el voto a las mujeres, ni tan siquiera de no dejar votar a aquel que no supiera leer ni escribir (como ha sucedido en EEUU hasta 1965), sino de seleccionar muy escrupulosamente qué parte de la ciudadanía podía votar con el nivel de información y conocimientos suficientes para evitar lo que ellos llamaban la ignorancia de la mayoría. Dado que los niveles "modestos" de la sociedad eran los más numerosos, y las élites sociales entendían que la ignorancia se cebaba en ellos, era dejar en manos de la parte menos preparada de la sociedad la elección de los representantes: según ellos, los individuos poco preparados intelectualmente son incapaces de descubrir por sí mismos lo que es el bien común. En algunos casos se pensaba directamente en prohibir el voto a esta población "poco preparada", y en otros a multiplicar por un factor de conversión el voto de cada ciudadano dependiendo del nivel socio-cultural en el que se encontrase, de forma que los votos de los "más preparados" tuvieran mayor valor que el del resto. Obviamente, la expresión "1 persona, 1 voto," no iba con las primeras democracias.
  • Los representantes elegibles: si has leído con cierta atención la definición que exponían los primeros pensadores sobre la democracia en Europa, tienes que haber reparado en que los ciudadanos elegían a sus representantes políticos de entre unas élites sociales. ¿Qué podíamos esperar? Si muchos ciudadanos no estaban preparados intelectualmente para elegir a sus representantes, con menor motivo podían ser ellos mismos los seleccionados como garantes de la democracia y del bien común. Sólo la élite más selecta de la población podría presentarse a las elecciones y ser votados por el resto de ciudadanos. ¿nos puede parecer injusto? Pensemos que venimos de la época feudal, donde la burguesía y las clases más altas quieren consolidar unos gobiernos que sigan garantizando sus prerrogativas y ello pasa por excluir la participación de amplios sectores sociales. Esto podía llevar a otro problema más grave incluso que el de la ignorancia de la mayoría, y es el de la tiranía de la mayoría: la opinión particular de una mayoría, sólo por ser mayoría, se convierte en decisión colectiva y podía producir atropellos e injusticias sobre una minoría que ya no tendría ni voz ni voto.


Para resolver el problema de la ignorancia de la mayoría, además de la "solución" de impedir el derecho al voto a ciudadanos con un nivel cultural "bajo", se intentó elevar el nivel educativo del conjunto de la población. El problema de la tiranía de la mayoría se resolvía a través de esas elecciones periódicas que darían un voto de consentimiento y de buen hacer a la labor que venían desarrollando los representantes elegidos o un voto de castigo seleccionando otros políticos y renovando los cargos. Por las razones siguientes, la lógica representativa se impuso a la lógica participativa, a pesar de que las revoluciones históricas que promovieron el cambio tenían un marcado carácter participativo:

  • La renovación de cargos o el mantenimiento de los mismos ciudadanos elegidos suponía un control al gobierno que intentaría evitar atropellos y excesos (esto es parcialmente cierto si tenemos en cuenta que no se deja votar a todos los ciudadanos y que en 4 años de gobierno da tiempo a realizar muchísimas injusticias).
  • El volumen de habitantes a escuchar, en gobiernos nacionales o regionales hacía imposible o muy difícil poder recoger y debatir la opinión de todos los ciudadanos.

Como se puede observar, esto empieza a configurar el panorama vigente hoy en día, pero todavía nos queda pendiente un concepto que hasta ahora no ha aparecido y que actualmente es el eje de todo el movimiento democrático: los partidos políticos. ¿Por qué existen? ¿Son necesarios? Si los ciudadanos elegimos a personas para que nos representen, ¿en qué momento se hizo necesario que estas personas se agruparan bajo una bandera e ideología comunes? Lo veremos en una próxima (y última entrada) sobre la democracia.


Referencias:

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