Humanidades

Ayer me corté cortando jamón. Perdonad la cacofonía anterior pero es la forma más corta y directa de exponerlo. Me encontraba en la cocina de casa, región poco frecuentada en general, lo que añade peligros en un hábitat ya de por sí bastante peligroso.

Abrí el paquete de lonchas de jamón serrano y me dispuse a trocearlas. ¿No pensaríais que estaba cortando lonchas de un jamón ENTERO? Eso sería para mí inalcanzable económica y digestivamente. La razón por la que tengo que recortar las lonchas ya precintadas de fábrica es doble. Primero porque tengo un gaznate de márques y los alimentos de baja calidad se me hacen 'pitraco', o 'bola' para que me entendáis todos; y segundo porque soy un cutre que compra barato. El jamón era (y sigue siendo porque me tiene que durar hasta Nochevieja) de lo más "modesto":

  1. Marca Carre4
  2. Las lonchas eran más finas que el propio plástico que dividía las lonchas, prodigio de la exactitud en el corte que raya la medición en nanómetros.
  3. Las vetas de grasa rondaban el 35% del volumen, razón que hacía más necesario un nuevo troceo y selección del alimento.

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